El nuevo gran simulador de Polyphony Digital es fantástico. Sofisticado, repleto de opciones y con una calidad gráfica en los autos que te dejan con la mandíbula estrellada contra el piso. Si tienes un PS3, puedes acelerar tranquilo hacia tu tienda de confianza y comprártelo, no puedes tener tremenda consola sin tremendo juego de carreras; aunque antes deberías estar al corriente de algunos detalles que son dignos de mención.

GT5 es un simulador. Esto implica que el juego se cuida de hacerte sentir al volante de un auto realista, con peso, masa y propiedades físicas como debe ser… o casi. Polyphony Digital logró el mejor simulador de la clásica serie GT, pero también optó por esconder la mayoría de las características debajo de horas y horas de juego. Por ejemplo, no es hasta un par de días completos de jugar que empiezas a notar que los vehículos se dañan. Aunque parezca mentira, no hay manera de activar de entrada el daño físico en los autos, un elemento que se supone debería tener un juego que se precia de ser un simulador de conducción. Si eres un corredor con experiencia, te parecerá una idiotez que los coches sólo se golpeen como trompos (sólo suenan “¡bum!, ¡bum!” y jamás tengan un rasguño.

Para los corredores noveles, por otra parte, esto puede facilitar las cosas. Es cierto que chocar y romper el auto mientras haces tus primeras vueltas suele ser frustrante, y además caro porque las reparaciones no son baratas. Además, tienes guías de trazada sobreimpresas en la pista que te indican cuándo pisar el freno y cuándo acelerar, sumado a un control de agarre de los neumáticos que te sostienen mejor en caso de que decidas volar al demonio en una curva complicada. Estas últimas ayudas, afortunadamente para los corredores expertos, sí se pueden desactivar desde la configuración, de manera que al conducir estés completamente por tu cuenta, incrementando la sensación de simulación.

Vamos a lo importante: ¿Cómo se siente conducir en GT5? Bien, espléndido. Eso es lo que vale. Probablemente tendrás que reconfigurar los botones del gamepad para que se adapten mejor a tus necesidades (nosotros pasamos el acelerador y freno a R2 y R1 en el DualShock 3) pero, vamos, no hay como utilizar un volante. Es casi una obligación para disfrutar de GT5 al extremo. Como dijimos, las primeras horas con el simulador son un poco confusas, porque lo mejor todavía no está a la vista. De hecho, acabarás un poco desilusionado ya que, en verdad, hay arcades por ahí que parecen más simuladores que GT5. A medida que juegas y subes de nivel, las cosas mejoran muchísimo. Acabarás enamorado de tus autos y sacándoles fotos en el sistema de fotografía (fotos que puedes bajar a un pendrive para compartir con tus amigos, creerán que son autos reales).

GT5 cuenta con más de mil vehículos, aunque la mayoría son genéricos. Hay unos 50 de marcas reales, que por supuesto son los que valen la pena tener. Son una belleza, los ves y se te caen los ojos. Las pistas son unas 75, hechas a imagen y semejanza de las reales.

Esta versión de GT ya no exige tener las licencias aprobadas para acceder a las pistas y pruebas de alto nivel. A lo sumo te pide coches de cierta nacionalidad o tipo para determinadas pruebas y competencias. Pero claro que debes ir ganando niveles, intentando ganar medallas de bronce, plata y oro al menos, lo que no solamente te premia con puntos de experiencia, también con el dinero que necesitas para comprar autos licenciados, hacer tuneos, mantenimiento o simplemente cambiar la pintura. Hay eventos especiales como carreras de karting –excelentes–, Top Gear y NASCAR, entre muchas más. Algunas te pueden exigir neumáticos de tierra o nieve, entre otras cosas. Existe también un Modo Arcade para jugar solo o competir con un amigo en pantalla dividida.

El multijugador acepta hasta 16 corredores en línea. Por desgracia, no hay sistema de matchmaking, así que la cosa es un poco rudimentaria, hay que elegir un lobby donde haya lugar y la respuesta de conexión sea buena. GT5 también tiene el ya típico sistema de compartir logros en Facebook.

Algo para criticar muchísimo es el sistema de menús. La verdad es que se le nota la edad –GT5 estuvo cinco años en desarrollo– y navegar por las opciones puede ser muy incómodo. Es lento, cuesta encontrar las cosas. Algo que puede molestar también son las sombras, al estilo “serrucho”, que arruinan el resto de los preciosos gráficos, especialmente cuando se ven repeticiones o desde la vista de cabina de los autos licenciados, donde recorren las superficies con un pésimo efecto. El espejo retrovisor, por otra parte, no muestra lo que realmente ocurre detrás del vehículo. Aunque llueva torrencialmente, en el espejo no; nuevamente, esto es más propio de un arcade que de un simulador.

Mención especial para el video introductorio al juego, que muestra el proceso completo en la fabricación de un automóvil, desde que se extraen los minerales hasta la línea de ensamblaje. Es impresionante.

En resumen, GT5 finalmente llegó, y no desilusiona a los fans. A quienes estén acostumbrados a otros juegos de conducción en otra consola o en la PC, quizás no les resulte tan especial. De todas maneras, si tienes tu PS3 y la adoras, GT5 es un juego imprescindible.

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