La guerra es lo más espantoso que existe. Y como se ve en este nuevo shooter de la serie COD, la humanidad está condenada. No tenemos perdón. Black Ops lo deja bien claro a través de un juego impecable. Lleva la tensión al extremo, horroriza con su violencia casi insoportable, pero te da un paseo infernalmente bueno.

Para disfrutar de este shooter hay que olvidar todas las ideas políticas y el 99% de lo que consideramos humanidad. La guerra es salvaje, repugnante. Injusta. Black Ops es un juego que, por desgracia, está basado en hechos históricos reales, o reales en apariencia, según quién lo diga. En su modo de campaña, estamos en los años 60 a 80, en los tiempos de la Guerra Fría, cuando los Estados Unidos luchan contra los rusos y su aliado cubano. Bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles; ya sabes. Así que verás a Castro, Kennedy, Nixon y otros personajes que hicieron historia. Y como en tantos juegos hechos esencialmente para el público estadounidense, los buenos son los gringos y el final es con un imponente despliegue visual del mayor ejército que conoce el mundo.

Pero dejemos las ideologías para concentrarnos en la experiencia que ofrece Call of Duty: Black Ops. Sus 15 niveles en el modo solitario valen, por sí solos, la compra del juego. Son unas ocho horas de batalla sin respiro, excepto dos o tres momentos (que, de todas maneras, duran segundos). Cada nivel es un viaje frenético entre disparos, explosiones, derrumbes, muertos, pedazos de muertos, y vehículos de toda clase. No se puede parar, al punto que por momentos es agobiante y genera un estrés muy intenso. Cada misión es en una región gráfica y climáticamente diferente aunque la mayor parte ocurre en Rusia y Vietnam. Juegas sobre todo con un soldado de operaciones especiales llamado Alex Mason, a quien interrogan –tortura incluida– unos desconocidos que recién se develan al final. A Mason los soviéticos le lavaron el cerebro y, entre otras cosas que no podemos revelar para no arruinarte la historia, parece conocer una forma de interpretar cierta secuencia numérica imprescindible para detener una catástrofe. De modo que juegas los “recuerdos” de Mason a medida que le sacan información. Es una excelente y sorpresiva historia. En esencia, el tipo está casi loco, lo que también hace que los niveles se perciban un poco disgregados entre sí. Esto también se refleja en el menú, con Mason atado a una silla, y en las animaciones que separan la carga de niveles, a nuestro gusto caóticas en extremo. Sospechamos que el menú de Black Ops no es apto para epilépticos.

Lo dicho, las misiones te llevan a usar más de 40 tipos de armas, todas excelentes, y a correr como demente en medio de un auténtico infierno. Todo en Black Ops parece exagerado. Mientras atraviesas la lluvia de napalm no ves dos o tres helicópteros sobrevolando la ciudad devastada; ves diez, veinte al mismo tiempo. De verdad es como jugar la más cara película de Hollywood. Entre las cosas que haces, además de dispararle al enemigo (o degollarlo, o amputarlo, o reventarle la cabeza) conduces jeeps, lanchas (al ritmo de Creedence Clearwater Revival, claro), helicópteros, escuadrones vía un radar, te lanzas en paracaídas, buceas, huyes en moto, desciendes haciendo rapel, haces estallar cohetes, en fin, los niveles tienen variedad para hacer feliz al más pesimista. Mala suerte que a veces la IA de los enemigos no resulte del todo lograda, aunque está bastante bien en el modo de dificultad normal.

Es notable la belleza gráfica, la contundencia de las imágenes y el sonido. Si quieres lucir tu consola, con este lo haces al máximo. En captura de movimientos y expresión facial, Black Ops luce un trabajo magnífico. La campaña solitaria es sólo parte de la alegría. En multiplayer, Black Ops tiene asegurada la gloria por muchos meses en adelante. Las opciones son abundantes. Puedes crear una clase de soldado especial para ti, equipándote con armas y habilidades que se adapten a tu modo de jugar. Al principio no hay mucho para elegir, pero cuando juegas vas ganando puntos de experiencia que activan nuevos modos y movimientos. También ganas puntos de COD para comprar equipamiento, habilidades y otros extras de combate (¡estos puntos se pueden apostar con otros jugadores!). Resulta adictivo jugar para comprar mejoras y subir en los scoreboards. Grandioso.

Al terminar la campaña (y esperar a que pasen los 1500 nombres del equipo que hizo el juego, algo así como 10 minutos) podrás jugar el modo contra los zombis. Este modo también se puede jugar online –y coop– desde el menú multiplayer, aunque con armas ligeramente diferentes. Matas zombies y ganas puntos, con eso compras armas para resistir. Muy bueno. Y puedes jugar como los presidentes. No es un Left 4 Dead, pero se le parece mucho. ¡Recomendado!

Además del modo Zombi, hay un arcade donde ves desde lo alto a tu soldadito mientras lucha por sobrevivir a las hordas de muertos vivos. Lo activas con un cheat: En el menú, mírate las manos y dale repetidamente a los botones de apuntar y disparar hasta que Mason se suelte. Ve hacia atrás, hasta la computadora, e introduce DOA para jugar al Dead Ops Arcade. (De paso, si metes 3ARC INTEL podrás leer todos los documentos clasificados en el menú, y si pones ZORK podrás jugar una viejísima aventura de texto... inútil, pero ahí está.) En síntesis, Call of Duty: Black Ops no solamente cumple en ser un nuevo hito en la serie. ¡La campaña single player es fabulosa, pero el multiplayer brilla como el napalm en las calles de Hong Kong! Es un entretenimiento con mayúsculas, brutal y vertiginoso, para todos los que aman los juegos de guerra en primera persona. Pero eso sí: cubanos abstenerse.

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