
Llegó un momento interesante para los fans de Beyoncé. Tener dos versiones de la diva no es cosa de todos los días, las opiniones quedarán divididas, quizás, de la siguiente manera: ¿qué preferimos, la Beyoncé de las baladas o a Sasha Fierce (alter ego) y sus canciones up-tempo, con más aroma a noches clubbers? Vayamos por parte. Un disco doble siempre significa que había demasiadas canciones para que entren en un solo cd. No es éste el caso, simplemente hay doce canciones: enseñanza número uno, Beyoncé es una diva y si se le hubiera antojado tres canciones o dos...ella decide. En I Am... las baladas muestran que Beyoncé domina todo con su voz y si hay un piano de fondo todo puede mejorar, pero no son las instrumentaciones lo que distinguen justamente a todas estas canciones, sino la voz de la reina de Ebano. Como en Ave Maria o la hermosa Halo. Y un consejo made in Beyoncé nunca puede faltar: If I Were a Boy (Si yo fuera un chico) y una patada directa al orgullo varonil: "ellos son de molde, nosotras somos de corazón...se piensan que son los del sexo superior, pero cuando los queremos los vence nuestra seducción. Jaaa, un knock out a las mandíbulas de los machotes. En cambio Sasha Fierce va directo al ritmo y pide los brazos en alto ya en la primera canción, Single Ladies (Put a Ring on it). Para ingresar al club con el corazón gobernado por la noche, nada mal para un puntapié. Y si supieran cómo viene Radio pagarían lo que fuera para estar en el club donde canta Sasha, sí, la misma que puede cantar Diva (¿la mejor canción del disco?, puede ser) como nativa del Bronx, puro hip hop del nuevo milenio. Para el final, Sweet Dreams y Video Phone, bling bling 100%. O Beyoncé o Sasha...nos gustan ambas.