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Dark Void

Encontrarás más aventura lanzándote de cabeza a un inodoro.

Cuando vemos una persona volando por los aires, derribando naves alienígenas, y cortejando a la chica de turno, uno piensa: quiero divertirme como ese tipo. Pero una cosa es ver la acción, y otra muy distinta es ser parte de ella. Es como venderle un dulce a un niño que luego resulta ser... ¿una cebolla? Mejor cortemos un poco con las metáforas baratas y vayamos al grano: Dark Void aburre.

Todo comienza en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, cuando el piloto aéreo William Grey sufre un accidente en pleno vuelo que lo lanza al Triángulo de las Bermudas y acaba aterrizando en un universo paralelo, en donde la raza alienígena conocida como los Watchers tiene sometida a toda la humanidad.

Ya desde un comienzo las cosas no pintan bien para Dark Void. Nuestro amable protagonista, William, fue doblado por el mismo actor de Uncharted que dio vida a Nathan Drake, un héroe difícil de olvidar. Lo peor es que ambas voces suenan casi idénticas. Es como si Uncharted fuera, a ver... ¡aburrido! La aventura en Dark Void comienza a los tiros, aunque a pie. Lejos de lo que nos acostumbramos a ver cuando seguíamos con cariño el desarrollo del juego, antes de su estreno.

La acción en esta primera etapa se desarrolla al estilo Gears of War, con sistema para cubrirse y todo. Lamentablemente, Dark Void, a pesar de imitar a los grandes clásicos de los videojuegos, hace todo mal. Los enemigos se repiten continuamente, reaccionan de la misma manera, y la sensación al disparar el arma principal es tan grande como la de lanzar una piedra. Con la boca. Y toda esta primera porción se alarga demasiado, dejándonos con un sabor amargo ya desde el vamos. Más adelante, William se hace con el tan esperado jetpack, la mochila propulsora, y comienza a volar. Aquí las cosas cambian un poco. Claramente se trata de la característica más lograda del juego, pero algunos problemas con la cámara y los controles vuelven a empañar todo.

En el aire, William sólo puede apuntar en forma manual. A través de un pequeño minigame es posible sabotear las naves alienígenas, y la acción se divide entre enormes escenarios al aire libre y ocasiones en las que prima el control aéreo vertical, atravesando peligrosos acantilados. Es divertido, aunque sólo por un rato. Enseguida, Dark Void se queda sin sorpresas y cuando te quieres acordar, el juego se termina. Apenas unas pocas horas y ya.

Dark Void tiene mucho potencial, pero la impresión final es la de un juego poco pulido. Posee una mecánica más que interesante y original en las porciones aéreas, pero es evidente que los muchachos de Airtight no supieron muy bien qué hacer con ella.

Lamentamos mucho que nuestra impresión sobre Dark Void acabe de esta manera, pero ya no queda nada por hacer. Le deseamos lo mejor a Airtight para la próxima vez. Parece que, al menos, el talento lo tienen.